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viernes, 25 de noviembre de 2011

Rajoy Superstar

¡Un poquito de guasa, Mariano, que me vas a matar a disgustos...!

lunes, 28 de marzo de 2011

Merece la pena

Mi pena es muy mala
porque es una pena que yo no quisiera
que se me quitara.

Manuel Machado, "Seguiriyas gitanas"

Cuando por las calles voy
hago a las piedras llorar
en ver con las grandes ducas
que yo te salgo a buscar.

Pastora Pavón, La Niña de los peines

"Sarvam dukkham"
: "todo es dolor", dice la primera de las Cuatro Nobles Verdades con las que Sidharta Gautama el Buda  elaboró el diagnóstico y tratamiento para los problemas que aquejan a la humanidad. "Todo es dolor", aunque quizás deberíamos traducir mejor: "todo es pena", para poner en relación directa la dukkha budista con las ducas gitanas. No es ninguna casualidad la coincidencia en el término, pues es bien sabido el origen indio de la lengua romaní. "Todo es pena", como dice Felix Grande:


Maldita sea mi suerte
todo es pena para mí
ayer penaba por verte
y hoy peno porque te vi.

Budistas y flamencos nos hablan de la duca, y sus formas de afrontarla, aunque son bien distintas, no dejan de tener una curiosa relación. En la segunda de las Cuatro Nobles Verdades, el Buda nos dice que el origen del dolor está en  trsna, "el deseo", literalmente: "la sed". Por eso en la tercera verdad propone "apagar la sed" para terminar con el sufrimiento. En el caso de los gitanos, desde luego que parecen haberse tomado  el consejo al pie de la letra, y en el ritual de la fiesta  del cante, el baile y el toque, vaya si intentan apagar su sed: beben más que los peces en el río...aunque la sed y la pena, me temo, no desaparecen. Por otra parte, el cantaor guarda una compostura casi sacerdotal, como lo describía magistralmente Luis Rosales en Esa angustia llamada Andalucía: "cuando se sienta, se sienta completamente bien, como el agua llena el vaso". Como un monje budista en actitud de za-zen, "meditando sentado"...aunque poseído y desgarrado por la duca.
Más allá de estas relaciones anecdóticas, es interesante contrastar la renuncia budista a la sed y a la pena con la vivencia insaciable de la pena a través del arte. No me estoy refiriendo a la vivencia sombría, angustiosa y solitaria del poeta apenado que, como Miguel  Hernández, es el "hombre más apenado que ninguno" . Estoy hablando de esa vivencia casi gozosa de la pena en la catarsis de la fiesta. El cantaor comparte su soledad, su soleá, con otras soledades a través de la fiesta, donde, como decía Nietzsche, la alegría redime todos los dolores.  En la fiesta flamenca, sin solución  de continuidad, se suceden las alegrías y las soleares, y la duca encarna la pena más inconsolable, pero también le hace un guiño a la guasa:

¡Que venga Dios y lo vea
las ducas que estoy pasando
por una mujé tan fea!

La pena y el contento se entrelazan y bailan al ritmo de las palmas y los jaleos:

Mira si estamos contentos
que el pito de la olla exprés
no se para ni un momento.

Y entre los caldos, las palmas y el cachondeo, se pueden escuchar soleares que te ponen los pelos de punta:

Pasó la muerte a mi lao
le dije que la quería
y allí me dejó plantao.

Es la catarsis dionisíaca de la tragedia, la afirmación de la vida... y de la muerte. La afirmación de que la vida... merece la pena.

martes, 4 de enero de 2011

Mucha mierda


No es un secreto que los titulares de los derechos de autor, sólo inicialmente coinciden con los autores reales (titulares originarios). Los titulares que ostentan los derechos, en su mayoría, son empresarios, editores, u otros agentes que obtienen los derechos de manos de los autores, en muchas ocasiones mediante contratos leoninos, pagando sumas irrisorias y asumiendo los mínimos riesgos. Estos son los que ejercen el lobby en nombre de los derechos del autor para obtener la prolongación de los plazos, promover la lucha antipiratería y muchas otras demandas.
Aunque es un secreto a voces que  tras la máscara reivindicativa de los derechos de autor no pocas veces se esconde el ansia viva de lucro, algunos de nuestros autores-creadores pretenden desviar nuestra atención de tan lucrativo negocio –que tiene mucho más de industria que de cultural-, insistiendo en el carácter severamente delictivo de todo intento de aliviar o eludir los abultados cánones que protegen tales “derechos”. Y lo más grave es que la inmensa mayoría de los creadores y artistas del pasado y el presente han estado muy lejos del lucro inmundo que exhiben hoy muchos de los famosos. La cuestión es que son precisamente los privilegiados que han conseguido dar el pelotazo los que ladran quejándose por el supuesto robo –en realidad lucro cesante- que les supone cada descarga. Veamos cómo argumentan tres de ellos, un músico, un actor y un escritor, en los respectivos artículos con los que, sin cortarse ni un pelo, han salido al ruedo en los últimos días. 
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martes, 28 de diciembre de 2010

¿Creadores o acreedores?

Si tuviese que contestar a la siguiente pregunta: «¿Qué es la esclavitud?», y respondiera  en pocas palabras: «Es el asesinato», mi pensamiento se aceptaría, desde luego. No necesitaría de grandes razonamientos para demostrar que el derecho de quitar al hombre el pensamiento, la voluntad, la personalidad, es un derecho de vida y muerte, y que hacer esclavo a un hombre es asesinarlo.
¿Por qué razón, pues, no puedo contestar a la pregunta: «¿Qué es la propiedad?», diciendo concretamente: «La propiedad es un robo», sin tener certeza de no ser comprendido, a pesar de que esta segunda afirmación no es más que una simple transformación de la primera?
Pierre Joseph Proudhon: ¿Qué es la propiedad?, capítulo 1º

Si Proudhon estuviera vivo, la descarga que acabo de hacer de su obra para buscar esta cita y esta imagen, y la que invito a hacer al lector brindándole el enlace del archivo, podrían llegar a ser –si progresan determinadas tendencias legislativas-, respectivamente, una flagrante violación del derecho de propiedad y una incitación al mismo. Apuesto, sin embargo, a que el autor aplaudiría tan bienintencionada trasgresión de una ley, por lo demás, bastante dudosa, y me perdonaría los cuatro reales –una peseta- que valía su obra en 1900 y pocos. Peseta que, por cierto, le hubiese pagado con gusto, pues mi intención, como ha de verse, no está en robar, sino, por el contrario, en compartir. Como la de la mayoría de los internautas a los que, sin embargo, se intenta colgar el sanbenito de “piratas”.
Cree el ladrón que todos son de su condición. Así es como los bucaneros de la Coalición de Acreedores, perdón, Creadores, y los filibusteros de la SGAE (¿Sociedad General de Acreedores y Especuladores?), capitaneados por Teddy el Artista, y apoyados, según las filtraciones de Wikileaks, por los corsarios de la embajada del Tío Sam, están presionando a la ministra de cultura para que saque adelante una ley que, si consigue aprobarse, me temo que quedará como un estigma ligada a su nombre: la llamada Ley Sinde o Ley de la patada en el router –en recuerdo de aquella Ley Corcuera de la patada en la puerta-, que supuestamente pretende perseguir a los “piratas” en la red. Piratas que, mira tú por dónde, no son Teddy y sus secuaces, sino que somos nosotros. Y es que les aterra dejar de lucrarse: no quieren soltar la presa ni renunciar al botín, a pesar de que los jueces -en un raro alarde de sentido común- en sucesivas ocasiones han declinado sancionar a los gestores de las webs que supuestamente fomentaban la “piratería”, pues no han hallado un ánimo de lucro definido tal y como lo requiere el Código Penal…
A decir verdad, sí que se lucran. Me he enterado por Ignacio Escolar que webs como seriesyonquis.com pueden llegar a ganar hasta 18.000 euros mensuales por los banners publicitarios que incluyen en su página de descargas. Pero no hay que olvidar que quienes pagan son las empresas anunciantes, en ningún caso los usuarios, para los cuales el servicio es completamente gratuito. Por más que intente argumentarse que en realidad no es así, pues el usuario está pagando –y mucho- a las compañías teleoperadoras, en realidad ese pago abusivo es el mismo si está descargándose música o películas, que si está enredando en la wikipedia, chateando compulsivamente, siguiendo un curso de arameo…o trabajando sin conexión, pues la tarifa, en la mayoría de los casos, es injustamente plana. Pero ese es otro debate y otro lucro a denunciar que no conviene confundir con el que nos ocupa.
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